Es muy común ver la mala relación que solemos tener con la comida, con conceptos que se adquieren desde la infancia y que en la adolescencia y en la edad adulta se intensifican, a medida que el peso comienza a ser un tema crucial en nuestra vida.

“Para muchas mujeres, la comida es lo primero que piensan en la mañana, y el efecto que la comida ha tenido en sus cuerpos es lo último que piensan en la noche” Andy Puddicombe.

Cómo entrenar la mente para lograr bajar de peso? Porque como te darás cuenta no se trata de solo “cerrar la boca” el secreto está en utilizar la meditación diaria, como una forma de atacar la ansiedad -causa común de atracones de comida innecesaria y calórica-, además de tomar conciencia de lo que se come y “resetear” el cerebro para sacar los mensajes destructivos que se han acumulado a lo largo de los años y que no permiten llevar una alimentación sana.

Se trata de observar los pensamientos que se tienen sobre la comida, y estar atentos a la hora de tener arranques emocionales que clamen por un helado de chocolate. Y para saber por dónde comenzar a poner manos a la obra, es importante saber qué tipo de personalidad tienes a la hora de comer:

El mordisqueador.

Pasas el día probando un poquito por aquí y un poquito por allá, sin importar si tienes hambre o no. Estás convencido de que tu forma de alimentarte es la mejor; pocas porciones y sin privarte de nada, por eso no te interesa seguir dieta alguna. Sin embargo, no pierdes peso. El problema es que pasas todo el día pensando en tu próximo bocadillo y corres el peligro de comer mucho y de manera frecuente. Por eso recomienda ordenar la alimentación y resumirla a tres comidas al día, más dos saludables snacks, con frutas o palitos de zanahoria. Pero no más de eso.

El atracador o empachador.

Consideras que las dietas nunca te funcionan, por eso de vez en cuando, sobre todo cuando te sientes solo o algo ansioso, sueles darte atracones de comida chatarra o de alimentos espantosamente calóricos. A este tipo de comensal se le aconseja utilizar la mente para trabajar la autoestima y concientizar el hecho de que la comida es una fuente de energía, no una recompensa.

El adicto a la dieta.

Haz probado todas las dietas que aparecen en las revistas, y eres de los fieles creyentes de que la única manera de bajar de peso es cerrando la boca y siendo estricto con el régimen que decidiste seguir, aunque éste no asegure los nutrientes necesarios para mantenerte saludable. Total, lo importante para ti es verte delgado. Lamentablemente, esta forma de alimentarte, hace que tu cuerpo, al estar mal alimentado, crea que debe cuidar sus reservas de grasa, por lo que el esfuerzo de pasar hambre no surte mucho efecto. Busca el equilibrio. Aunque lo repitan en todas partes, comprende que una alimentación balanceada te ayudará más a bajar de peso que comer lechuga todo el día.

El borracho de alimento.

Sueles ser muy fiel a las dietas y te preocupas de mantener una alimentación saludable y baja en calorías al pie de la letra. Pero tras días y días de sacrificio, rechazando un chocolate, un pedazo de torta o unas papas fritas, no das más, y terminas dándote el festín de la vida, sintiendo luego culpa y vergüenza. Relaja las reglas de tus dietas y permítete de vez en cuando uno de esos alimentos prohibidos en el régimen. Mientras más ansioso te sientas por no comerlos, se te harán las cosas más difíciles.

El zombie

Prácticamente no sabes lo que comes, porque solo metes a tu boca los bocados del plato que sacaste preparado del refrigerador, o que se hacía en tres minutos en el microondas. Luego, te sentaste frente a la televisión y te alimentaste. Por eso ahora apenas te acuerdas del color de tu comida. Tu dieta es monótona y probablemente, no te das cuenta que estás comiendo cosas no muy nutritivas. Por eso proponte pensar. ¿Te estás alimentando con comidas nutritivas? ¿Qué tienes frente a ti? Al comer, ¿qué sabor tiene? ¿Cuál es su textura?

El comensal que busca confort.

Cada vez que sientes angustia o pasas por una pena, la comida se transforma en ese amigo que te consuela y te reconforta, pero solo momentáneamente. El problema aquí es que tu cuerpo no se está conectando con sus señales de hambre, y en cambio, por temas emocionales, optas por comida poco saludable. Ante esto, es mejor detenerse diez segundos frente al plato, antes de cada comida. De este modo, le das tiempo a tu mente para que se de cuenta de lo que estás por comer y analice si realmente lo necesitas.

Dentro del tratamiento de Banda Gástrica Virtual® abordamos este tema en profundidad para que adquieras una mayor conciencia hacia la alimentación y vayas al principal problema que hace que no bajes de peso: la mente. Porque la magia no está en pastillas adelgazantes, ni en procedimientos quirúrgicos, o en dietas de moda, la magia está en ti mism@, en saber qué hace que comas de más sin control o comas poco pero de una forma poco nutritiva, y es aquí donde la autoestima y tomar conciencia de lo que estás por ingerir, es clave en proceso.

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