A veces nos pasa que comemos y comemos sin parar, incluso estando llenos o cada vez que nos sentimos estresados, cansados o incluso cuando estamos deshidratados, ya que cuando no estamos lo suficientemente hidratados el cuerpo envía una señal física de hambre y resulta que tomas un vaso de agua y se va el hambre, así que es muy importante conocernos, saber qué pasa internamente, las emociones no se controlan, se regulan, ya que una vez se dispara una emoción , sea miedo, tristeza, alegría, rabia, sorpresa no hay un retorno, esta alcanza un nivel máximo y luego desciende.

Para desarrollar inteligencia emocional es necesario reconocer primero la emoción, darle un nombre, etiquetarla, por ejemplo: “noto que en este momento me estoy sintiendo triste” ya que a veces lo que más nos desespera es no saber qué nos pasa, qué estamos sintiendo, el saber qué emoción estamos experimentando nos da un poco más de control y nos tranquiliza, enseguida hacer una pausa, y respirar profundo al menos por dos minutos, si es posible cerrando tus ojos para no chocar con la emoción de frente, es como cuando por ejemplo estamos en el mar y vemos que viene de repente una ola gigante,  ¿qué es lo que solemos hacer? Pues de inmediato, sumergirnos para que no nos golpee y ya cuando ella pasa, volvemos a la superficie.

En la alimentación también sucede mucho, cada vez que nos veamos tentados a comer de más o cuando tengamos un antojo por alguna comida calórica preguntémonos antes de sucumbir a la tentación ¿qué es lo que necesito en realidad en este momento? ¿Diversión? ¿Excitación en mi vida? ¿Amor? ¿atención? Porque muchas veces comemos de más o tenemos una ingesta hipercalórica porque estamos muy aburridos, o nos sentimos aislados entonces la comida cargada de azúcares y sal entra a darnos una gran explosión o subidón momentáneo de sabor que trae eso que estamos buscando, pero lo que no sabemos es que esa sensación solo dura segundos y lo que deja después, son unos kilos de más que nos generan frustración y culpa.

Otro caso también en el solemos excedernos en comida es cuando tenemos sueño o cansancio, a veces lo que necesitamos es dormir un poco y cuando lo hacemos descubrimos que no hay hambre. Otra causa es el estrés, solemos buscar comida llena de grasa y azúcar para darnos un subidón de energía que no dura mucho, en lugar de pensar en hacer un alto, llamar a un amigo que nos distraiga un poco, observar un paisaje que nos guste mucho y nos relaje, poner un poco de música que baje nuestras revoluciones, respirar un poco… házte una pregunta muy importante: ¿de qué forma puedo darme a mí misma, eso que estoy necesitando? ¿cómo puedo darme atención, tiempo, comprensión,paz? hay muchas formas de regularnos sin necesidad de recurrir a la comida.

La tristeza o el enfado es otro caso típico que encuentro en mi consulta que lleva a comer de más, no queremos sentirnos mal entonces nos llenamos de comida como una forma de sedación, en lugar de buscar otras alternativas como compartir la tristeza con alguien, respirar un poco para recargarnos energéticamente, hacer algo amoroso por nosotros mismos sin involucrar comida. Dejemos de tenerle miedo a sentirnos mal o incómodos, y reconozcamos las emociones, antes de irnos en picada tras un plato de comida, si hacemos el ejercicio de dejarnos sentir las emociones del momento y soportarlas sin recurrir a la comida, de forma sistemática dejaremos de comer de forma impulsiva y automática.