Si no me gusta como estoy en una relación es el formato que tengo de lo que “debería” ser una relación lo que interfiere, es decir la incomodidad viene del formato que tengo de una relación, si mi formato es verlo muy a menudo por ejemplo pues hay 3 opciones todas válidas: irme de esa relación o encontrar un tercer formato mas flexible con mi pareja que nos permita a ambos fluir mejor en la relación, obvio este paso implica flexibilidad de ambos o crear un nuevo  formato de la relación por ejemplo una amistad, pero lo que debemos evitar es aguantar , soportar porque tarde que temprano me voy a sentir frustrad@.

Porque muchas veces lo que está vencido es el formato de la relación , pero en lugar de entender la diferencia enjuiciamos al otro, porque no piensa y actúa como nosotros pensamos que debería actuar, y aquí también traigo un aspecto importante a la hora de empezar una relación saber cuáles son mi valores, que visión tengo de la vida, qué negocio y qué no, porque si me encanta la pasta y comerla de noche para qué voy a iniciar una relación con un con una persona que cuenta calorías cada segundo, o si valoro en el caso de las mujeres un hombre amplio, detallista para qué continuo una relación donde mi pareja nunca me invita o me dice que pague la mitad de la cuenta o es un tacaño, o si soy católica cómo pretendo formar una relación con un ateo que luego vendrán los roces por cómo vamos a educar a los hijos, diferencias en la visión de la vida etc…

Las relaciones son de formas, nacen de una forma luego se transforman en otras , por eso la importancia de la flexibilidad. A lo mejor si me caso no tengo que vivir con él/ella, a lo mejor no tengo que verlo todos los días . Hay que crear una forma que nos funcione a los dos, y si no la podemos crear en formato relación amorosa pues crear otra forma por  ejemplo amistad y si no puedo me voy. Pero siempre tomar acción,  si tengo una angustia un problema y no hago nada para resolverlo me voy a estancar, si ya se la razón de mi angustia por qué no hago algo diferente, si no puedo pensar diferente pues hay que hacer algo diferente.

Por ejemplo si ya sé que el chocolate me hace daño para qué sigo pensando en el deseo de comerlo, o en lo rico que sería uno, debo tomar acción,  si viene el pensamiento de querer probar uno cancelar el pensamiento y pensar otra cosa, ocuparme en algo o llamar a alguien, o evitar pasar por el sitio donde los venden, o cambiar el pensamiento por otro: “si esta rico pero tengo otro objetivo ahora y lo voy a intentar”, y evitar decirnos no sé por qué siempre caigo de nuevo! no tengo voluntad! o en el caso de las relaciones evitar decir: “siempre elijo las mismas personas en mi vida”, porque no es verdad, es fácil decirnos esto porque nos quita responsabilidad pero no es verdad, porque en realidad sí sabemos que no nos conviene, pero no queremos hacer el esfuerzo de cambiar, todavía no nos ha incomodado lo suficiente,  así que seguimos en la novela de lo externo, culpando a las circunstancias, a las personas, al azar.

Si sé que no me conviene comer chocolate pues no lo compres! Si ya lo compraste bótalo! Si ya lo tienes para meter en la boca sácalo, si sé que me estoy aferrando a una persona y me hace daño pues tengo que fijarme en cómo no me aferro, y para eso tengo que fijarme no tanto en cómo no me aferro sino de qué manera me aferro por ejemplo si cada vez que hay un problema lo llamo, pues en ese caso voy a dejar de llamarlo cuando necesite algo, y así vas rompiendo el patrón, porque los cambios en la vida no se tratan siempre de incorporar cosas nuevas, sino dejar de hacer las viejas, desaprender es la clave.